En plena temporada de sidrerías en Euskadi, las conversaciones giran normalmente alrededor del tamaño del txuletón o los litros de sidra que se sirven al grito de txotx. Los vasos anchos y de cristal fino mandan aquí, pero mientras tanto en el mundo de la sidra vasca pequeños productores -y también algunos grandes- animan el mercado con sidras más complejas, de perfil más gastronómico, de esas que apetece servir en copa. Un sacrilegio para algunos, un paso lógico para otros. Pero, más allá del recipiente elegido para beber, lo que está claro es que la sidra vasca ha iniciado su propia revolución.