Fernando Paredano empezó a guardar etiquetas de sidra en el invierno de 2001, cuando acababa de entrar en vigor la primera ley de etiquetado de la sidra: la primera la despegó de una botella en una sidrería de Cimadevilla, en Gijón. Veinticinco años después, su colección, La Sidra de Papel®, reúne unas 9.000 etiquetas de 63 países, además de cromos, tarifas, facturas y cartas desde finales del siglo XIX. El grueso es asturiano, pero las tiene ordenadas por provincias, y entre sus álbumes hay sidra vasca: etiquetas de Usurbil, Oiartzun y Berriatua, y unas cuantas de sidras pensadas para los vascos de América.
Las etiquetas vascas
«San Esteban», de Usurbil
La etiqueta es de Illarramendi y Compañía, S. L., de Usurbil. Lleva el escudo de Gipuzkoa y un consejo que se repite en las etiquetas de la época: «Téngase la botella en posición horizontal». Mientras hablábamos por teléfono, Paredano la buscó en el álbum y la miró con la lupa para contarnos algo en lo que no había caído hasta el día anterior, al prepararnos la foto: el escudo parece estar puesto del revés. De la misma casa hubo otra etiqueta, redonda, que sabe que existe pero que no ha conseguido.

«Oyarzun», de Adúriz Hermanos
Adúriz Hermanos, de Oiartzun, se presentaban en la etiqueta como «fabricantes y exportadores». De su «Sidra Oyarzun» guarda seis etiquetas, y en algunas aparece también una dirección en San Sebastián, en la calle Centenario. La casa, cuenta, ya no existe.


«Corona», de Berriatua
La Sidra Champagne «Corona», de Madariaga-Guisasola, de Berriatua (Bizkaia), es la rareza del grupo: de ella no ha encontrado ninguna otra etiqueta, ni siquiera referencias.

Sin fecha y sin remite
Paredano no tiene fecha para ninguna de las tres. Tampoco recuerda con seguridad cómo llegaron a su colección: algunas piezas antiguas le llegaron en lotes de subastas por internet, pero en sus primeros años escribía a los elaboradores y les mandaba el sobre de vuelta ya franqueado, y tener seis de Oyarzun le hace pensar que se las mandó la propia casa.
Hoy Usurbil sigue siendo uno de los pueblos sidreros de Gipuzkoa, con sidrerías como Aginaga, Aialde Berri, Arratzain, Iguarte, Saizar o Urdaira, y en Oiartzun está Ordo-Zelai.
¿Vascas o asturianas?
Dos marcas cuentan una historia curiosa: sidras con nombre y lema en euskera pensadas para la colonia vasca de América, una de una casa asturiana y otra embotellada en Bilbao.
La «Sagardua» la sacó Industrial Zarracina (Gijón) hacia 1900, y es la etiqueta de la portada. Muestra a un hombre con boina, faja y makila, y dice en euskera Euskaldunak ezdago iñon onelango Sagardua («Vascos, en ningún sitio hay una sidra como esta»). También nombra a sus «únicos importadores», Mignaquy y Cía. Según Paredano, con ella Zarracina se adelantó a la competencia y se hizo con parte del mercado de Cuba y Argentina.
De la misma sidra guarda un cartel llegado de Argentina, una página del periódico La Voz. Con el mismo hombre de boina y makila, ahora con una botella en la mano, anuncia la «Sidra Champagnisé» «Sagardua» —«tomada helada es deliciosa»— y presume de que es la única marca que obtuvo el Gran Premio en la Exposición Internacional de Medicina é Higiene del Centenario, en Buenos Aires. No aparece ni Asturias, ni España, ni el nombre del fabricante: solo los importadores, Mignaquy y Cía., de Buenos Aires. Era, cuenta Paredano, una casa de importación que tenía la exclusiva de la «Sagardua» y que sigue existiendo, con su histórico edificio en el barrio de La Boca.

La «Euskaria» es una Sidra Champagne de 1905, «excelente champagne natural de manzana», y su etiqueta dice «Embotellado por Bilbao Henteria & Cª, Bilbao (España)». La fábrica, como pone la etiqueta, era de Bilbao.

Y los de Bilbao eran también, según Paredano, los importadores en Buenos Aires: en otra etiqueta de la «Euskaria» se leen «únicos importadores Bilbao Renteria & Cº, Buenos Aires» y el lema en euskera Danetatik onena («el mejor de todos»), junto a las medallas de la Exposición Regional de Gijón de 1899 y de las Ferias de Gijón.

Los nombres vascos tampoco eran cosa de una sola casa: Valle, Ballina y Fernández, la de El Gaitero, tuvo otras marcas con nombre vasco, como «El Pelotari» o «Jai-Alai».
Cómo crece una colección
Paredano tuvo una sidrería, «Salinas», en Luarca, y empezó por lo que tenía más cerca: la sidra asturiana. Pedía las etiquetas por carta a los llagares y, si no le contestaban, iba a buscarlas. Después vinieron la vasca, la cántabra y la navarra, y más tarde Inglaterra y Francia. Empezó a escribir también a elaboradores de fuera, que le iban respondiendo.
Uno de los saltos se lo debe a un coleccionista de etiquetas de cerveza con el que se carteaba. Un día le avisó de que en una subasta de Londres había una caja con etiquetas de sidra inglesa: por 20 libras, envío incluido, le llegó la caja original con unas 170 etiquetas de golpe.
Hoy, de Asturias tiene más de 4.000. Un día le dio por contar las de Alemania y le salieron 408.
En este coleccionismo cuenta cada cambio: una etiqueta con otra graduación, otra dirección o el código postal añadido ya es una pieza distinta. Y las etiquetas no paran de cambiar porque, cuenta, las normas obligan a rehacerlas cada poco; la última vez, para añadir el símbolo de reciclaje.
Además del papel, guarda una sección de rarezas: bolígrafos, portaminas o calendarios metálicos de los que giran, antigüedades del mundo de la sidra asturiana.
Las joyas asturianas
Lo más valioso de la colección, según su dueño, es asturiano, empezando por la etiqueta de «A. Peón y Hermano», de Villaviciosa, de 1872: lo más antiguo de Asturias que guarda. Es de una sidra espumosa, y la etiqueta se imprimió en París (Romain & Palyart).

Le siguen los cromos publicitarios de Tomás Zarracina (Gijón, 1890), con retratos de la realeza europea.

También guarda el primer cromo publicitario de Valle, Ballina y Fernández —la casa de El Gaitero, en Villaviciosa—, de 1893, con un gaitero.

Cierra la lista una tarjeta con la tarifa de precios de la sidra champagne Luis Vereterra (Oviedo, 1895), «proveedor de la Real Casa»: la caja de 24 botellas, a 30 pesetas, y envíos «a cualquier parte del mundo donde haya establecido servicio de transportes».

Dónde verla
La colección sale de casa de vez en cuando. La primera exposición fue en julio de 2010 en Luarca, en los bajos de la Casa del Mar, en una sala que cedió la Cofradía de San Timoteo, y con la ayuda de su mujer, Lydia Rico. De ella salió el nombre: «La Sidra de Papel» se le ocurrió al diseñar el cartel, y hoy es marca registrada.
En octubre de 2025 se expuso en Ribadesella, en una sala muy grande del Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo.


En 2026 ha estado en Villaviciosa, en la Sala de Exposiciones Evaristo Arce Piniella del Ateneo Obrero de Villaviciosa, del 26 de agosto al 16 de septiembre, durante las fiestas del Portal. La sala era más pequeña y cabían menos vitrinas, pero salió muy bien: cuando fue a recogerla, habían pasado más de mil visitantes. En esa última exposición había etiquetas de unos 60 países.

Entre exposición y exposición, la colección se puede seguir en su página de Facebook, «Papeles de Sidra - La sidra de Papel», donde va colgando, con sus comentarios, fotos de las piezas más representativas y de etiquetas. La revista LA SIDRA, que nos puso en contacto con él, le dedicó un artículo en octubre.
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